Arde Galiza. Outra vez…

decadaincendio

Co voso permiso, esta reflexión ímola facer en castelán. Máis que nada, para que así tamén nos entendan na Xunta…

Imagínese usted que, de repente, en su ciudad se viene abajo un edificio. Nadie sabe exactamente cómo ha sido ni por qué ha sido, pero lo cierto es que se ha venido abajo. Así, de pronto, sin más. “Sería viejo”, supone uno. “Tendría aluminosis”, aventura otro. Bueno, tampoco es para tanto… El caso es que, al día siguiente, en otro punto de la ciudad cae otro edificio. Vaya, pues ya es casualidad… “Y mira, todavía menos mal que no había gente dentro”. Ya… Pero ocurre que llega el día siguiente, y esta vez son tres los edificios que se caen. Sí, tres, y en distintos puntos de la ciudad pero, curiosamente, a la misma hora. Los vecinos, desconcertados, se reúnen alrededor de los cascotes, y observan, sin saber muy bien qué decir, el desierto en que ahora han quedado convertidos los solares en los que antes se levantaban los edificios. “Y estarían mal construidos”, dice un viejo; “Y será cosa de tal promotor, que es un mangante”, sugiere otro; “Os digo que esto es por la aluminosis”, insiste el de antes. Pero lo cierto es que, en el fondo, nadie sabe qué decir. Todo son hipótesis de barra y mucho jaleo. Hasta que, de repente, alguien cae en la cuenta. “Hostia, y los del ayuntamiento… ¿no dicen nada?”. Imagine usted, le decía, que eso sucede en su ciudad. Difícil de creer, ¿verdad? ¿Cómo demonios iba a ser posible una cosa así? Grandes edificios que desaparecen de la noche a la mañana sin que nadie sepa por qué, ni haya ninguna autoridad para tomar medidas o, por lo menos, dar explicaciones…

Pues sin embargo, y por muy difícil de creer que parezca, eso, exactamente eso, es lo que está pasando con el fuego en Galicia. Arden nuestros montes, todos, un día tras otro. Uno, otro, todos, todos están ardiendo. O, mejor dicho, alguien los está quemando. Porque de todos es sabido que prácticamente el cien por cien de los fuegos son incendios provocados. Así pues, esto es lo que hay: alguien está quemando el país, y, por una vez, no es Rajoy. Es alguien, un fulano, un montón de ellos. Es algún hombre, alguna mujer, alguna panda de miserables a quien con toda seguridad alguien conoce, porque son sus vecinos, es su cuñada, es el panadero del barrio, es el cura de la parroquia… Alguien, sean quienes sean esos “alguien”, está quemando los montes, y lo están haciendo con fe y hierro a fondo, como si no hubiera ni un Dios ni un mañana. Y, por extraño que parezca, ni nadie sabe por qué, ni aquí viene nadie del gobierno a explicárnoslo.

Y lo alucinante, lo que convierte esta situación ya en algo que roza lo paranormal, es que nosotros ni tan siquiera lo pedimos. Porque en el fondo ya tenemos asumido que aquí las cosas son así. Porque es de esperar que esto suceda. Porque nos tomamos lo de los fuegos como un misterio más, ríase usted de los pastorcitos de Fátima. Porque Galicia es un Sitio Distinto. ¡Porque esto es Esparta! Porque, en el fondo, aquí somos así. Positivamente.

Pero a mí me sigue resultando increíble que a estas alturas tengamos que seguir asistiendo a la contemplación de una tragedia como esta. No me entra en la cabeza. ¿Cómo puede ser que de un día para otro se esfume en el aire una parte inmensa de nuestro patrimonio, y nadie comparezca? Y oiga, que ya no a digo tomar medidas, qué va, sino tan solo a dar por lo menos alguna explicación… Tal como mi perplejidad y yo lo vemos, si no lo hace el presidente de la Xunta, a este paso tendrán que acabar haciéndolo los agentes Mulder y Scully, porque lo que cada año ocurre en Galicia da para una temporada completa de Expediente X… ¿Cómo puede ser que no exista un inmenso, intenso, y omnipresente debate público a todos los niveles sobre esta cuestión? ¡Señora, que es su casa lo que se está quemando!

Cuando yo tocaba en Lamatumbá, en el año 2006 el grupo comenzó a tener su ritmo de trabajo más alto en Galicia, de manera que nos pasamos aquel verano recorriendo el país entero sin parar. Viajamos muchísimo. Por arriba, por abajo, por la costa y tierra adentro. Aquel año lo vimos todo… Nuestra furgoneta atravesó desiertos negros recién calcinados; hubo noches en que desde el escenario veíamos desolados las luces gigantes del monte ardiendo frente a nosotros; y hubo incluso no pocas fechas que tuvieron que ser canceladas en el mismo día, porque el fuego era tan intenso y cercano que incluso ponía en peligro la seguridad de la plaza del pueblo. Cuento esto porque hoy es octubre de 2017, han pasado ya más de diez años desde aquel verano atroz y, extrañamente, la situación ya no es igual, sino peor: hoy, a todo lo anterior hemos de sumarle varios muertos, víctimas del fuego. O, mejor dicho, de los incendiarios. Y yo sigo sin dar crédito… A lo largo de este tiempo he escuchado todo tipo de explicaciones, y las he escuchado en foros de todo tipo, como barras de bar, paradas de autobús, salas de espera… En todos, menos en los que deberían haberse dado. Y he escuchado con asombro el más completo catálogo de teorías: que si son los de la celulosa, que si son los constructores, que si son los eucaliptos, que si son los brigadistas… O, incluso, algo mucho más terrible y triste: que son los propios vecinos. “Porque é así, o monte ten que arder, rapaz!”. No lo sé, yo no quiero entrar en estas discusiones de barra de bar. No quiero hacerlo, no, porque antes de que lo haga yo, sin el criterio ni los argumentos necesarios, considero que deberían hacerlo las autoridades pertinentes, que también están para eso. Es su deber.

Así pues, señor Feijoo, comparezca usted de una puta vez. O, de no hacerlo, ponga de consejero a Spiderman, porque por lo menos él sí tiene claro aquello de que “un gran poder conlleva una gran responsabilidad”. Pero haga algo, hostia, haga algo, y hágalo ya. Porque si no, al final, será como en la coplilla aquella, que “entre todos la mataron, y ella sola se murió”.

Non me interesa iso do Día das Letras Galegas

dia-muertos-mexico6--644x362

Empeñámonos en vivir coa ollada posta no pasado. Disque é moi cómodo, porque así sempre teremos a man unha boa escusa para queixarnos polo mal que van as cousas. E do presente nada máis queremos cheirar o xusto para saber a quen botarlle as culpas de todo. Se algo vai mal é culpa deste, que vai de listo, ou destoutra, que o ten moi crido… E así nos vai, deixando correr o tempo e as oportunidades un día tras outro, un ano tras outro, de maneira que, para cando chegue, o futuro seguirá sendo pasado para nós, unha morea insufrible de resentimentos pendentes, de contas a medio axustar e, con sorte, algún morto que celebrar (que non todo vai ser sacar os coitelos a pasear polos mesmos ríos de sangue, pola mesma esterqueira de sempre). En realidade tampouco penso que a miña opinión valla tan sequera nin o medio megabyte que a soporta nin moito menos que lle importe un carallo a ninguén (á fin e ao cabo, quen merda son eu para opinar sobre estas historias?), pero, por se alguén lle pregunta á miña nai como é que hoxe o seu fillo non sae no xornal, permitídeme polo menos que a boa da muller saiba porqué.

Eu sempre crin que iso dos ben nacidos agradecidos era certo. Por descontado, dou por sentado que a xente boa fai cousas boas sen agardar nada a cambio. Vale. Pero tampouco vou descubrir aquí a pólvora se digo que todo fillo de veciño agradece recibir un agarimo de cando en vez. A todo o mundo lle sube un ou dous graos a temperatura da alma cando lle din “estamos moi orgullos de ti”. Devolver polo menos parte dese agarimo que alguén unha vez nos deu é cousa boa. Facerlle saber a esa outra persoa que ao outro lado do seu esforzo hai alguén, alguén que escoita, le, goza e comparte o seu traballo. Alguén que recoñece a súa dedicación, que se identifica co seu discurso e, sobre todo, que agradece o seu sacrificio. E non sei como o verá o resto da xente, pero a min dáme no nariz que ese diálogo é moito mellor telo cando as dúas partes involucradas no proceso de comunicación están vivas. Porque, como todo o mundo sabe, falar cos mortos está moi ben nada máis se o que che gusta é ter sempre a última palabra… E a pesar de que aínda non teño probas irrefutables disto, eu apostaría a que a un defunto todas as homenaxes do mundo impórtanlle un carallo. A boas horas, mangas verdes… E ollo, que con isto non estou dicindo que vivamos de costas á nosa memoria, á nosa tradición literaria neste caso, que é moita e moi rica. O que eu estou dicindo é que, se de días de festa vai a cousa, non sería mellor festexar con alguén a quen lle poidamos dar unha aperta, un bico, un apretón de mans?

Polo de agora o que máis nos gusta facer cos vivos é putealos, andar coma sempre a sopapos uns cos outros. E xa diremos que Suso de Toro era un autor fantástico que cada vez que facía pis lle saía poesía polo pito cando estea morto e leve dez anos criando malvas. Manuel María ten todo o meu respecto. Por descontado. Pero se todos temos claro que Suso terá o seu Día das Letras, que Manolo Rivas terá o seu Día das Letras, que Ferrín, que Queizán, que Xabier P. Docampo, que Fina Casalderrey, e que ata Gudelj, Mostovoi, Fran, Bebeto, o Xabarín e Santiago Pemán terán no seu momento un Día das Letras Galegas, por que carallo non o celebramos xa? Agora, cando aínda estamos todos aquí, cando aínda lles podemos dar unha aperta e eles a nós, cando aínda podemos vivilo e festexalo xuntos… Cando aínda lles podemos dicir “Moitas grazas” e eles nos poden responder “Moitas de nadas”.

Eu quero un Día das Letras Galegas para Agustín Fernández Paz. Quéroo, pídoo, reclámoo, esíxoo. Pero o quero xa, hoxe, agora que lle podo dar unha aperta e dicirlle “Moitas grazas por tanto, profesor”. O resto non me interesa. Eu alégrome de que no meu país existisen poetas que por el tanto fixeron como Manuel María. Pero mentres a das Letras Galegas siga sendo a festa dos mortos, eu non quero participar nela. Non quero esas gaitas, non quero esas danzas. Espertádeme cando o Días das Letras Galegas deixe de ser un baile de mortos. Ou cando llelo adiquen aos guionistas de Gym Toni, que disque en Galiza sonche unha referencia literaria de moito carallo… Ata entón, a outro con esa murga.

Dúas palabras sobre o Sant Jordi…

Barcelona (Barcelonès)  23/04/2013    Sociedad       Diada de Sant Jordi      Paradas de rosas y libros en La Rambla    Foto   DANNY CAMINAL

Barcelona (Barcelonès) 23/04/2013 Sociedad Diada de Sant Jordi Paradas de rosas y libros en La Rambla Foto DANNY CAMINAL

Hai un par de días atopeime a min mesmo perdendo o tempo cun texto no que, entre outras moitas groserías e faltas de respecto, se deixaba caer un deses comentarios feitos a mala ententa no que, así como quen non quere a cousa, se desprezaba dun plumazo o Sant Jordi, a festa do libro que estamos a piques de vivir. Segundo o texto en cuestión, o Sant Jordi non é máis que unha festa inventada polos cataláns “que consiste en comprar obrigatoriamente un libro”. Como dixo Einstein, Hai dúas cousas infinitas: o universo, e a estupidez. E do universo non estou seguro… Para os que teñades verdadeiro interese en saber, deixade que vos comente un par de detalles…

O Sant Jordi (23 de abril, Día Mundial do Libro) é o día máis importante para o mundo do libro en España. Para que vos fagades unha idea da súa relevancia, o ano pasado saíu á rúa só en Barcelona máis dun millón e medio de persoas. E aínda que en realidade non haxa nada de “obrigatorio”, que aquí a ninguén se lle esixe mercar nada (que o Diaño Catalán é moi malo e cheira a xofre, si, pero non lle pon a pistola a ninguén para que faga gasto se non quere), curiosamente a xente si decide mercar libros. E tanto que o fai! Segundo os datos ofrecidos pola Conselleria de Cultura, en colaboración co Gremio de Libreros e o Gremio de Editores de Cataluña, no pasado Sant Jordi os libreiros declararon unhas vendas superiores aos 20.000.000 de euros (por se hai algún animaliño entre o público, un 2 seguido de tantos ceros veñen sendo uns vinte millóns de euros, facturados nun só día!), repartidos entre máis de 1.600.000 exemplares. Que veña aquí un só libreiro galego a dicirme o que non daría por poder anotar eses mesmos números nos seus libros de contas, aínda que nada máis fose por un mes…

Desa barbaridade de exemplares vendidos, nada máis o 7,26 % representaba a lista dos dez autores máis vendidos, ou, o que é o mesmo: o 92,74 % restante se repartiu entre outros 50.000 autores, o que fai do Sant Jordi un día moi querido por máis de 50.000 creadores diferentes. Que veña aquí un só autor galego a dicirme o que non daría por poder traballar nun espazo semellante no noso país, aínda que nada máis for por unha vez…

Ademais, non deixedes por favor que ninguén vos engane: digan o que digan por aí fóra, aquí hai sitio para todos. Por iso, e no tocante ao asunto das linguas, as vendas repartíronse entre un 54% de títulos en catalán, e un 46% en castelán. Maldita sexa, que veña aquí un só editor de libros en galego a dicirme o que non daría por chegar a esas marxes, aínda que nada máis for por un terzo do mercado galego…

E, por se todo isto non vos parece suficiente, o día de Sant Jordi non é festivo. Que igual vos semella unha estupidez, pero non o é, nin moito menos. Porque, sendo como é unha xornada laborable, a xente, que ben podía estar ata o carallo do mundo e non desexar outra cousa que volver o máis rapidamente posible ao sofá logo de aguantar ao xefe, sempre saca tempo para baixar á rúa e mercar un libro. E unha flor. Porque saben que iso é seu, que os define, que os identifica no mundo. E están orgullosos de que así sexa. E aquí son eu o que ven a dicirvos o que non daría por poder escribir nun país que se sentise tan orgulloso de si mesmo que estivese disposto a ter un libro por bandeira. E unha flor.

Por iso, para calquera escritor, para calquera que se adique en serio a isto, con paixón e con corazón, é non só un orgullo, senón unha alegría enorme, en realidade, formar parte desta festa. Eu levo anos asistindo como espectador. E si, este ano tamén estarei como escritor, ao outro lado do espello. E ben orgulloso que estou.

Á fin e ao cabo, a culpa é miña, por perder o tempo lendo este tipo de barbaridades. “Mercar obrigatoriamente”… Xa hai que ser zoquete!

Cataluña e o terror

amo_a_mi_novia_de_sardana_playera-r7dda40bfa5144ed9a0195829e42690c2_j2nhu_324

Vista desde Barcelona, resulta terrible a campaña que en Madrid se está a orquestrar estes días contra Cataluña. Empezou sendo de Medo, como unha mala película de serie B, e xa se está a converter nun Terror digno do mesmísimo Robespierre. E se lle digo “terrible” non o digo polo terrorífica que poida ser (que en realidade, e mal que lles pese, non o é) senón máis ben polo patético do que ela pon en evidencia.

Non deixa de resultar curioso que todos aqueles que deberían ter falado antes, moito antes, todos aqueles que deberían ter acudido á chamada e non o fixeron como debían, agora veñan en tromba, todos ao mesmo tempo e berrando sen parar. O goberno, os empresarios, os bancos, o fútbol… Carallo, pero se agora ata saen os de Pronovias dicindo que se hai independencia eles tamén marchan! Pero que carallo de ameaza é esa?! “¡Como os independicéis, las novias catalanas os tendréis que casar todas vestidas de castellers!” Coño, que medo!

Bueno, vale, igual isto último vos parece unha esaxeración. Pero tampouco vaiades pensar que a realidade dista moito de ser absolutamente surrealista. Porque aquilo co que día tras día nos bombardean desde todos os medios de comunicación españois é de todo menos cabal. Digno do mellor guión dos irmáns Marx… Mirade:

Primeiro deixaron pasar o tempo, nesa liña de actuación tan propia de Rajoy: “Uy, problemas! Mejor veo para otro lado, a ver si la cosa se soluciona shola…”. Non quixeron escoitar, moito menos dialogar. Non sería ata empezar a ver que a cousa se puña seria cando pasaron á acción. E entón vírono claro: para que dialogar, se podemos ameazar? Así, a primeira de todas as bravatas foi a historia esa de enfrontárense os cataláns á responsabilidade de “romper España”. Cona, pero que raio lle pasa a este país, que a pouco que fales del esnaquízase? Seica España está feita de forespán, ou que? De todos modos, iso nada máis foi o comezo: collido o gusto á cousa da extorsión, pronto pasaron a todo iso da saída automática da Unión Europea, do Tratado de Schengen, e ata do euro! Disque a partir de agora, en Cataluña teremos que pagalo todo en “butifarretas”…
-Escolti, a com va el kilo de escalivada?
-A 2 butifarretas con 50 sardanetes.
-Osti, nen, que caro…

Como rañar e ameazar todo é empezar, logo chegaron os empresarios, insinuando que en caso de independencia pouco menos terían que facernos unha especie de ERE masivo a todo o país. “¡A tomar por culo, todos a la puta calle!” Bueno, máis ou menos xa estabamos nesas, así que por aí tampouco conseguiron moito… No se vayan todavía, que aún hay más: como somos poucos, a avoa púxose de parto a semana pasada, e aí aparecen os dos bancos dicindo que, en caso dunha Cataluña independente, a eles non lles quedará máis remedio que abandonar o país. Os bancos saíndo de Cataluña?! Con todos os meus respectos, permítanme apuntar que iso é tan estúpido como dicir que as torres de petróleo van saír de Arabia Saudí, que os curas van abandonar as igrexas, ou que Drácula vai deixar de chuchar pescozos.

E como as grandes marcas están para seren superadas, por se todo o dito non fose suficiente (e deixando de lado o vergoñento espectáculo no que o barullo mediático convertía un partido de baloncesto en toda unha pretendida demostración de orgullo e unidade patria), esta semana tivemos que escoitar, atónitos, a última burrada: di o Banco de España que, ante este panorama, o máis probable é que tanto os cataláns como os que aquí vivimos, aínda que non sexamos descendentes de Companys, Macià e Tarradellas, teñamos que ir facéndonos á idea de afrontar un “corralito”. Un “corralito”! Pero, a ver, un momentiño… Imos ver unha cousa: quen carallo é o que está a advertir de tal barbaridade? O Banco de España, di vostede? O mesmo Banco de España que non nos advertiu de nada ante as hipotecas abusivas? O mesmo fodido Banco de España que durante tantos anos estivo facendo a vista gorda ante as tarxetas “black”? O mesmo puto Banco de España que non abriu a boca nin moveu un dedo mentres medio país se arruinaba invertendo en accións preferentes? Ese mesmo miserable Banco de España vennos agora coa ameaza do “corralito”… e nós temos que tomalo en serio?! Pero por favor, con quen carallo pensan que están falando? Que somos, nenos pequenos aos que hai que asustar co lobo? Claro que si, home, claro que si: aí vén o corralito. E as cartillas de racionamento, e os piollos, e os nenos desnutridos. E xa postos, o tifus, a tuberculose e a peste negra. E, se sobra tempo, incluso o regreso de Operación Triunfo, presentado por Esteso y Pajares e co Toro de la Vega de artista invitado.

Pero o peor, o peor de todo isto, é ter que escoitar, día tras día, a cantinela esa da “ameaza independentista de Artur Mas”. Como se todo isto fose un invento do president… Hai algo moito peor, unha falacia maior, escondida baixo esa atribución. Falan do proceso separatista de Mas porque non se atreven a dicir a verdade, a chamalo polo seu verdadeiro nome. Facelo sería ir aberta e directamente contra o propio pobo. E iso sería ir demasiado lonxe. Non porque este goberno de España, totalitario e atroz, non o teña feito antes. Claro que si, iso non é un problema para eles. O matiz está no feito de facelo así, a cara descuberta. Porque isto non é ningún invento de Artur Mas. Non, isto é a voz do pobo.

Por motivos persoais que non veñen ao caso, eu teño a oportunidade de observar, escoitar e, ás veces (se teño o día simpático) mesmo conversar con xente de moi distintas clases sociais (si, aínda as hai). É desde esa perspectiva que podo garantirvos sen medo a equivocarme que o do independentismo non é un invento dun par de políticos, nin o discurso de catro pelagatos se nada mellor que facer (como tamén vos queren vender, especialmente aí, fóra de Cataluña). Non se trata de Mas, nin dos da CUP, nin da Ada Colau, “que está mu loca”. O do independentismo é un sentir vertical que atravesa transversalmente todos e cada un dos estratos sociais cataláns. Non estou dicindo que absolutamente todo o pobo catalán se sinta independente, pero si afirmo, con total seguridade (e moi en contra do que vos están contando aí fóra), que ese sentir se manifesta claro e forte ao longo de todo o país e de todos os seus grupos sociais. Un país do que o president non é máis que o seu representante. Por iso desde Madrid se refiren a elo como “o proceso de Mas”: porque así lles resulta moito máis fácil desprezar publicamente a unha soa persoa que a un país enteiro, por moito que, en realidade, sexa exactamente iso o que están facendo ao non querer falar. E logo aínda se preguntarán por que toda esta xente non se sente española…

O dereito a tomarnos por imbéciles

As marquesiñas de Peitieiros

Agora que reflexiono sobre o tema, decátome de que ben podería ser cousa de pantasmas. Outro deses “poltergeists”, que hoxe volven estar de moda. Pero non… Isto é outro tipo de fenómeno, non menos digno dunha análise detallada por parte do doutor Jiménez del Oso: as campañas electorais e as súas barbaridades. Unha cousa, como o mundo en xeral, ben curiosa.

De súpeto, logo de catro anos sen ocorrer absolutamente nada, dun mes a esta parte a vila onde vivo empezou a sufrir unha serie de cambios, polo pouco curiosos. Así, e por exemplo, todos os pasos de peóns apareceron de golpe e porrazo repintados, e aí temos as rúas, que parecen todas noviñas do trinque. Como por arte de maxia desapareceron tamén todas as fochancas que había, e xa poden respirar tranquilos os amortiguadores dos coches, que xa non corre risco a nosa saúde cervical cada vez que pasamos por elas. Incluso, logo de catro anos pillando unha molladura detrás doutra, xusto agora van e póñennos marquesiñas nas paradas do autobús. A ver, tampouco vaiades botar foguetes: son tan pequenas que, se entras ti, a túa sombra ten que quedar fóra. Mirade como será a cousa que, se na parada coinciden dúas persoas máis de cinco minutos… temos voda segura! E non pensedes, que o asunto non acaba aí: agora, tamén de repente, temos carril-bici por todas partes, e, tamén “casualmente”, mesmo lles puxeron, por fin, unha beirarrúa con barandilla aos rapaces no camiño ao instituto. Vese que un ciclista atropelado ou un mozo despeñándose barranco abaixo ao saír do instituto son unha traxedia. Para a re-elección, quero dicir…

Mirade, de todos é sabido que eu non son unha persoa especialmente activa na res política. Non, para min a iso da política converteuse nun enorme desencanto. Asistín con tristura ao desmembramento dun nacionalismo incapaz de dialogar entre si, de superar os puntos de desencontro. Das dereitas non me interesa absolutamente nada, e os únicos centros que merecen toda a miña admiración son os que Dani Alves colga na área para que Messi meta gol. Por iso, xa hai ben tempo que non teño máis convicción política que o Marxismo. En concreto pola banda de Groucho, para servos exacto. Si, para min a política converteuse nun monstro atroz, unha besta deshumanizada ante a que, de entrada, o primeiro que fago é desconfiar. E, malia todo, non creo que por iso haxa que me considerar imbécil, non? (Igual por outras moitas cousas si, pero por esa, precisamente, non).

Digo isto porque, pola contra, a grande maioría dos aspirantes a “Miss e Míster Electo 2015” si pensan que o sexa… Imbécil, quero dicir. Para case todos eles, nós, o electorado, debemos de ser algo así como unha antoloxía da imbecilidade de tomo e lomo… Como senón se podería entender que fagan e digan as cousas que ao longo de todo este tempo de campaña e pre-campaña viñeron facendo e dicindo? Paradas de autobús que parecen do Ikea, carrís-bici ata por riba dos portais, os xeriátricos que, de tanto entrar e saír traxes de Emidio Tucci deles, parecen un Corte Inglés en día de rebaixas… Carallo, pero se ata puxeron un dinosauro nunha rotonda! Que non chegaba con poñer barcos, que agora tamén imos en plan Parque Jurásico? Que será o seguinte, resucitar a Karina Falagan para as autonómicas?!

Supoño que, no fondo, a única verdade de todo isto é que, nalgún lugar, nalgún despacho, no recanto máis podre dalgunha cabeza escura, alguén debeu de pensar que eses eran os prezos da palabra. “Poñamos paradas, pasos de peóns, dinosauros en rotondas, que así poderemos dicir o que nos dea a gana. Ese é o prezo, o custe do dereito a tomalos por imbéciles.” Á fin e ao cabo, quen de nós ía reparar nas burradas que se dixesen, deslumbrados como estabamos pensando que carallo pinta un diplodoco na rúa Rosalía de Castro?

E así é como, case sen darnos conta, como aquel que escoita voces, todos empezamos a escoitar burradas… Podería citar moitas, pero gustaríame quedarme coa máis grande de todas: “A crise xa pasou!” Carallo, como lles gusta dicir este tipo de animaladas… A xente segue perdendo os empregos e os fogares. A Sanidade e a Educación recurtadísimas. Dereitos perdidos, atrasos nas liberdades… E temos que escoitar que xa pasou a crise? Ou sexa, que “a recuperación”… era isto?! Non, eu creo que non. Porque, de ser certo… como é que ninguén dos que ao longo da campaña falaron do fin da crise non dixeron nada en ningún momento de botar atrás aquela Reforma Laboral tan salvaxe que, tal como Rajoy dixo en 2012, “hemos tenido que afrontar por culpa de la crisis”. Home, se xa pasou a crise, como é que non recuperamos a dignidade no traballo? Son eses os argumentos cos que debería convencerme de darche o meu voto? Mmm…

E iso por quedar cunha, talvez a maior das falacias que puiden escoitar ao longo desta campaña. Como antes vos dixen, podería poñer moitos máis exemplos, si. Pero teño unha razón de peso para non facelo: como teño medo de que as volvan retirar unha vez pasadas as elecciones, estou escribindo isto dentro dunha desas paradas de autobús que nos puxeron. E claro: aquí dentro non caben reflexións moito máis grandes…

Sobre o Teatro García Barbón: O novo estadio do Celta chamarase Pizza Express Tropical 2×1 Dobre de Queixo Stadium

58067688

O antigo teatro Calderón de Madrid, inaugurado no ano 1917, chámase agora Teatro Häagen Dazs. Supoño que, para os espectáculos infantís, empregarán a sala “Sabor Nube de Gominola”. Sen saír de Madrid, ao vello Palacio de los Deportes, así chamado desde que abrira por vez primeira as súas portas, alá polo 1960, dinlle agora Barclaycard Center, que, ademais de ser moito máis chic, deixa claro de quen é a pasta… Poderiamos poñer unha chea de exemplos máis, pero basten estes dous para alumear esta teima en que vivimos, a de renomear as cousas, e comprender que calquera día destes chegará a París un turista despistado e, ante un dos seus edificios máis emblemáticos, pensará que está este patrocinado pola famosa marca de champús anticaspa. Porque claro, como se chama Ópera Garnier…

Pero, oh sorpresa!, resulta que non, e nese caso o nome non ten nada que ver co seu dono, amo e patrocinador. Para pasmo, asombro, e mesmo disfunción cardíaca de moitos alcaldes e algún que outro concelleiro de cultura, a Ópera Garnier chámase así porque tal era nome do seu arquitecto. “Ópera?”. Non, señora! Garnier, Charles Garnier. E o mesmo ocorre coa Torre Eiffel, xa que así se chamaba o máximo responsable da súa construción, o enxeñeiro Gustave Eiffel; co Palacio Güell de Barcelona, propiedade do industrial Eusebi Güell; e até coa pirámide de Keops. Ou quen raio pensades que puxo as pedras, as cordas e mais os escravos para a súa construción? Pois claro, señora: o faraón Keops. Porque as grandes construcións sempre teñen un nome, máis alá de que nós ou (o que é peor) os nosos gobernantes nos empeñemos en non querer sabelo…

Digo todo isto ao fío do que está a acontecer co nome do noso principal teatro, tal como lle dixen no meu último artigo aquí publicado, aquel no que falaba dun concerto que Ses dera no teatro da cajadeahorros-caixanova-novagalicia-abanc… ¡no García Barbón! Igual pensades que esaxero, pero é que non foron poucos os diferentes nomes polos que o teatro da rúa Policarpo Sanz pasou nos últimos trinta anos, a saber: Centro Cultural Caixavigo; Centro Cultural Caixanova; Centro Cultural Novacaixa Galicia; Teatro Novagaliciabanco… Son eu o único a quen todo este baile de nomes lle parece ridículo en grao sumo? E non vaiades pensar que cada un destes cambios é gratuito. Imaxinade a cara do pobre operario instalando o novo cartel. Toda a mañá dándolle ao taladro para que, cando xa está a piques de rematar, veña o xefe de turno, e…

–Quedouche fetén, chacho. Pero mira, que tes que quitalo, que xa non serve…
–Como que xa non serve? Pero se xa lle botei o cemento!
–É que acaban de cambiarlle o nome.
–Pero como, outra vez?! Caghonomundo…

Agora, e grazas ás impagables xestións do meu primo o presidente Feijoo, que axudou a desterrar para sempre calquera vestixio de galeguidade no que foi a nosa caixa de toda a vida, resulta que temos que dicirlle “Centro Cultural Afundación”. “Afundación”?! Home, por favor, “afundida” vainos quedar a nós a cabeza de tanto cambiarlle o nome… Máis cando, para nós, ese teatro de sempre tivo un único nome, un ben diferente: o “García Barbón”.

Por se alguén non está moi ao tanto de como vai o conto (cousa que dubido moito, porque de todos é coñecida a prodixiosa capacidade da nosa parroquia para coa memoria da cidade), permitídeme que fagamos aquí un repaso rápido á historia do “García Barbón”…

De entre todos aqueles homes que pola volta do século XIX para o XX soñaron con construír un “Gran Vigo”, moderno e europeo, un dos maiores filántropos cos que contou a cidade foi José García Barbón. Non foron poucas as pegadas que a grande xenerosidade de don José deixou en Vigo (e ben merecería un recordatorio máis completo nestas mesmas cíber-páxinas…), e a el lle debemos, por exemplo, o mantemento do seu máis importante teatro, o Rosalía de Castro. Deseñado ao xeito da mesmísima Scala de Milán, e inaugurado en xullo de 1900, gozou dunha vida máis ben efémera: desapareceu pasto do lume o martes de carnaval de 1910, case un ano despois do pasamento do seu mecenas. No ronsel do traballo ben feito polo seu tío, foron as sobriñas de José García Barbón, dona Elena e dona Práxedes Salgueiro, as que asumiron a responsabilidade (e os custes) de poñer en pé un novo teatro sobre as cinsas do vello circo. Encargáronlle a obra ao prestixioso arquitecto Antonio Palacios (quen, por certo, sabedes en que outro edificio se inspirou para construír o noso novo teatro? Pois si, na Ópera Garnier de París. Ás veces, iso das conspiracións cósmicas vai que mete medo…), e cando por fin o novo teatro abriu as súas portas, o 23 de abril de 1927, fíxoo xa cun nome diferente: gardaron as sobriñas de don José a vella denominación, “Rosalía de Castro”, para o pequeno cinematógrafo que albergaba nos seus sotos (o actual auditorio). Pero o nome do novo salón era, evidentemente, outro ben distinto: “Teatro García Barbón”. Cal senón?

E así, a do teatro e mais o seu nome foron reflexo da vida da cidade, con momentos de maior gloria e de menor éxito, pero sen maiores cambios até que, a piques xa de desaparecer (o teatro, non a cidade), a Caixa de Aforros de Vigo se fai con el nos primeiros anos oitenta. Xa sabedes, os anos de “La Movida”, que tiveron cousas moi tolas… Desde entón, a existencia e o nome do noso teatro comezaron a correr parellas á historia da entidade bancaria que se fixo con el. Ou, o que é o mesmo: unha traxicomedia de dubidoso gusto, libreto infumable, e final pendente de escritura…

E, se queren que lles sexa honesto, penso que, xa que nin o teatro nin moito menos a caixa son nosos xa, polo menos que o seu nome si o sexa. Que sexa o que ten que ser, aquel co que se inaugurou e que nós, vigueses de toda a vida, levamos na nosa memoria. Porque igual que o noso ADN non acepta máis autobús urbano que o “vitrasa” nin máis lupanar que a “ferrería”, na rúa Policarpo Sanz non temos máis teatro que un: o García Barbón.

Porque se permitimos que nos borren os nosos nomes, de aquí a pouco xa non saberemos nin como nos chamamos. Non é “Centro Cultural Afundación”, senón Teatro García Barbón, igual que non é Praza das Apertas, senón Cruce de Peniche. O mesmo agora, coa que está caendo, non nos parece este o maior dos nosos problemas. Pero xa veredes, xa. Xa veredes como non vos fai tanta graza cando o novo estadio de Balaídos se chame “Inditex Alcampo O Rei das Tartas Abel Caballero Stadium”… Logo non digades que non vos avisei!

Para cantar como Ses canta…

10384617_934914943196247_8305615005085861206_n

Unha das miñas teimas, esas polas que tanto se loita ao longo do tempo (e, por que non dicilo tamén, polas que máis paus me teñen caído), é a de traballar pola normalización do noso espazo cultural. Pola normalización das nosas letras, da nosa cultura, de todo o que, boamente, estea na miña man. Traballar pola normalización deste país tan (e perdóeme vostede, señora) curiosamente “anormal”.

Sempre dixen que, se en verdade a nosa fose unha cultura verdadeiramente forte (ou, cando menos, tan forte como tanto nos gusta fachendear) non debería chamarnos tanto a atención a aparición de certos formatos aos que o canon imperante rapidamente tilda de “fenómenos estraños”, alleos ao noso sistema. Ou sexa, que a aparición dun best-seller dentro da literatura galega e o avistamento dunha nave cargada de marcianos polo monte Galiñeiro virían sendo a mesma cousa. A resposta da nosa “intelligentsia” a este tipo de cuestións sempre é a mesma: nós non necesitamos deste tipo de historias porque aquí, no noso mundo máis aló do ben e do mal, xa temos os nosos propios formatos, puros e incorruptibles. Vamos, que a poesía galega vén sendo algo así coma o brazo de santa Teresa de Xesús… Pero eu non podo velo como eles. Non podo, non me colle no peito. Fronte a iso, eu prefiro aplaudir a chegada de cada unha desas novas propostas, cada nova voz que non me fala unha e outra vez do mesmo, a mesma mensaxe, o mesmo discurso de sempre, a mesma forma de sempre. Por iso gusto tanto do que está a facer Ses.

Veu a semana pasada a presentar “Tronzar os valos”, o seu novo disco, aquí, a Vigo. Estivo Ses cantando no teatro da cajadeahorros-caixanova-novagalicia-abanc… ¡no García Barbón! Lamentei moito non poder asistir, se ben eu conto coa sorte de tela visto en moitas outras ocasións, igual non tan sonadas, pero non por elo menos importantes. Non, nin moito menos. A última vez que a puiden ver foi asexando por unha raiola clandestina, cantándolle aos rapaces nun instituto da cidade. E gustoume moito o que vin: Ses fálalles aos rapaces con claridade. Trátaos de ti a ti, con respecto, pero de ti a ti. Como a xente que son, e non como se polo mero feito de seren rapaces fosen imbéciles. E faino empregando o seu mesmo código. Fálalles de hip hop, de como moitos cantantes perden a vida nada máis que polo mero feito de seren cantantes. E fálalles de Víctor Jara, e das mans de Víctor Jara. E de homes e mulleres, e do que aínda hoxe implica ser home ou ser muller… E faino, sobre todo, con normalidade. Do mesmo xeito que canta. Esa maneira de facer, valente, decidida, afouta. Dese xeito, ese preciso xeito, tan e tan necesario neste país…

E ollo, que digo valente, pero non se trata de que Ses sexa “brava”, e quede aí o conto, sen máis. Non, as cousas xa non son como antes, que todo o que se facía aquí ou era folc ou era “bravú”. Non, non é iso. Ses é brava, si, pero tamén é tenra, que non se poden cravar verdades coma coitelos con tanta dozura como ela o fai en “Tronzar os valos”, a canción que lle dá título ao disco. E é atroz, e fera, máis tamén é delicada como quimera. E canta coa boca ben chea e o corazón aberto en canal, maldita sexa. E é contundente como a mesmísima Credence Clearwater Revival ensaiando nas Encrobas, como un zarpazo de rocanrol en todos os fociños, coma un sorriso franco en plena mañá. E é directa, e é pura como boa mestiza, feita de country, de blues, de alalá e de tumbao. Ses é Rosalía, e é Jara, e Fuxan os ventos, e é a fodida Janis Joplin berrando en galego a peito partido.

Todo iso é Ses, un pouco de todo de canto andamos tan necesitados neste país falto de normalidade. Un país onde os rapaces pensan que o que mola é falar en inglés (aínda que logo che pregunten como se di “hot dog” en inglés…). O mesmo país no que en cada volta tes que escoitar como un pai protesta, porque a ver para que carallo vai servirlle ao seu rapaz o galego cando estea emigrado en Alemania (e non sería mellor, digo eu, cuestionarse por que ten que emigrar o fillo?). O mesmo onde tes que explicarlle a unha nai por que segue a ser bo para o seu rapaz ter unha lingua, unha cultura de seu. Si, necesitamos a Ses porque ela representa algo grande. Algo que se parece moito, moito, ao país que leva no peito. Obviamente.

Da Reconquista á chegada do AVE: o atraso progresa adecuadamente

masa-enfurecida-frankenstein
Teño que confesar que ando ultimamente un pouco despistado. Non é que sexa eu de natural iluminado, pero o destes días, amigos, é moito peor… Chega outro ano máis a festa da Reconquista, esa reviravolta heroica da nosa historia en que os vigueses botamos fóra destas terras os franceses para gañarnos o título de “ciudad siempre fiel, leal…”, e todo iso que segue e que podedes ver tanto no escudo como en calquera papeleira da cidade (o cal, agora que o penso, non deixa de ser curioso…). O caso é que eu volvo cunha dúbida que, coma o turrón, regresa a min con periodicidade anual: oes, mira, e non nos equivocariamos de bando?

A ver, que igual vós non tedes ningunha dúbida ao respecto, “Claro que si, fóra co invasor gabacho!”, e todo iso. Pero eu… Se vos interesa a miña opinión, direivos que eu non acabo de velo con claridade. É que son tantas as cousas daquel tempo que aínda non sabemos con certeza! Ou, mellor dito, tantas as que, malia sabérense con claridade, acabaron pasando doutro xeito á nosa “memoria” colectiva…

Por exemplo: moito teño oído falar do monumento a Cachamuíña na praza da Independencia, cando en realidade quen loce todo farruco e pintiparado alá arriba non é outro senón Pablo Morillo, militar zamorano coñecido por, entre outras curiosidades, non ter xogado un papel especialmente heroico en tal momento histórico, para que enganarnos… E, con todo, aí tedes, cada 28 de marzo, toda a corporación municipal en pleno rendéndolle honores a don Pablo, co noso sempre benquerido e nunca ben ponderado primeiro mandatario levándolle flores, como se dun namorado calquera se tratar. E que dirán entre tanto todas as pombas e gaivotas que frecuentan a castrense cachola do señor Morillo ao ver tanta honra, pompa e boato? Pois home, digo eu que se esmendrellarán de risa ao recordar a nosa mala memoria: apenas catorce anos despois da famosa Reconquista, volveu entrar Pablo Morillo en Vigo. Foi un 4 de agosto de 1823, pero xa non con tantas ansias de liberar a praza, senón máis ben para todo o contrario… Viña o amigo Morillo a acabar esta vez co apoio da cidade ao goberno legal do chamado Trienio Liberal (aquel que recuperaba a vixencia da Constitución de Cádiz), portando o zamorano a bandeira do absolutismo, e en curiosa compaña… Porque moito lirili con botar fóra os franceses en 1809 e todo iso, pero os amigos cos que veu don Pablo no ano 23 eran cen mil… En concreto, os Cen Mil Fillos de San Luis. E que facemos nós? Pois que imos facer: poñerlle un monumento!

Queredes outro exemplo? Pois nada, aí volo deixo: de sempre se nos representou ao malvado Chalot, o comandante en xefe das tropas francesas que botamos a patadas no cu pola porta da Laxe abaixo, como un tiparraco vello, ruín, incompetente… (Xa sabedes, ese tipo de fulano ao que nada máis lle faltaría, que sei eu… ¿querer poñer un barco no medio da praza da Constitución?). Si, esa é a versión transmitida. O malo é ter acceso ás bibliotecas e ao coñecemento… (xa o ministro Wert o di, “cada vez que escoito a palabra Cultura, penso que non recortei o suficiente!”). Así, hoxe, e grazas a traballos como os de Ricardo Troncoso, membro do Instituto de Estudos Vigueses, sabemos que “diso nada, monada!” Mal que nos pese, Jacques Antoine Chalot si foi un home importante e recoñecido no exército francés, varias veces condecorado polo seu valor ao longo dos seus trinta e dous anos de servizo. Non son poucos os momentos de indubidable valor histórico nos que Chalot participou, campos de batalla como o de Austerlitz, Jena, Eylau… Pero a min (que xa sabedes que son especialmente picajoso) gustaríame chamar a vosa atención sobre un en particular: hoxe sabemos que Chalot, o noso non-tan-estúpido-comandante, estivo presente na mesmísima toma da Bastilla. Aí o tedes, un dos fulanos que empezaron a mandanga aquela da Liberté, Égalité, Fraternité. Vamos, case nada… E o tipo estaba en Vigo no ano 1809. Como diría Suso de Toro, e que quererá o fulano ese? Será parvo ou comerá merda? Ou o que é o mesmo: que pintaba toda esa xente aquí? E virían de París a Vigo para ver Cangas? Non, dáme a min que os tiros de mosquetón non ían por aí… Imaxinade por un intre o interesantes que serían as ideas que estes homes traían nos petos das súas casacas, e nós dicíndolles olvida mi nombre, mi cara, mi casa, y pega la vuelta, como se fósemos uns Pimpinelas calquera…

Xa imaxino o que ides dicirme, “Home, rapaz, é que a tiros tampouco son formas…” E por suposto que non, tedes razón. Por moi loables que sexan as ideas de progreso que un traia, hai maneiras e maneiras de inculcalas. E é moi certo que a baionetazos non é o mellor xeito de facer entrar a letra, precisamente. Pero, deixando esa cuestión de lado, non me negaredes que, historicamente falando, parece que teñamos man para escoller, unha e outra vez, o bando equivocado. Supoño que é esta unha das razóns polas que Spain is different… Apostamos por Isabel la Católica e as súas amizades perigosas: xente como Torquemada no papel de mestre churrasqueiro, un fulano que tiña moi claro que unha boa barbacoa no nome de Deus era moito mellor que calquera idea de progreso. Tivemos un imperio no que nunca se puña o sol e, contra todo prognóstico, atopamos o xeito de fundir o sol. Cando o progreso revolucionario que co tempo deviría na Europa moderna chamou ás nosas portas, nós preferimos dicirlle aquilo de ¡Vuelva usted mañana!, que aquí xa estabamos tan a gustito cun monarca absolutista que sabía coma ninguén poñernos en valor a idea da Liberdade… De no ter Liberdade! É verdade que parimos a Constitución de 1812, pero pronto comprendemos que semellante avance non era cousa boa, e non tardamos en deixala para os libros de historia. Apostamos por Franco, por Fraga, por Rajoy, por Bisbal e por Paquito el Chocolatero. Non me negaredes que, ante calquera opción de progreso, nós temos unha habelencia caralluda para escoller a opción incorrecta! E logo, xa o dicía aquel: ¡España y yo somos así, señora!

Si, como vos dicía ao principio, ando un pouco despistado con este tema. Pero non pasa nada: aínda que lento, tamén son seguro (creo). Tardei en aprender a lección, pero agora xa o teño claro. Por iso, este domingo o meu amigo o alcalde e mais eu iremos á flamante nova estación de Urzaiz. Disque chega o primeiro tren de alta velocidade a Vigo, aínda que nada máis sexa en probas. Quedade tranquilos, que agora xa temos o choio aprendido: tan pronto como o AVE asome o morro medio metro por fóra do túnel que leva ás plataformas, aí estaremos os dous, o meu amigo o alcalde e mais eu, para recibilo como merece: a pedradas. De feito, dime o rexedor por liña interna que, se é para iso, igual entón si que ordena tirar abaixo a cruz do Castro: que non se diga que nesta cidade non hai cascotes para todos… É un clamor popular! Tanto progreso, tanto progreso… ¡En Vitrasa todos, Padornelo arriba!

Si, aí estaremos. E despois, unha vez chimpado o tren no fondo da ría, baixaremos comer un bocadillo de chourizo frito á praza da Constitución. (Bueno, mirade, recoñezo que niso si saímos gañando: no medio de tanta xente, ter que paparse un canard à l’orange ía ser complicado que nin diola…). Feliz Reconquista a todos!

Todo é mentira, señor axente!!!

BQq539Kt_400x400

Botándolle unha ollada ao xornal, veño de dar cunha desas novas que che deixan o corpo raro. Xa sabedes, ese tipo de “rareza” que che fai pensar que, definitivamente, por moito que os homes sexan de Marte e as mulleres de Venus, ti debes de ser de Plutón… A nova en cuestión vén sendo esta, e se pinchades no enlace que aquí vos deixo, habedes comprobar con asombro, pavor, suor fría e tremores a subir pola espiña dorsal como este ano ides ter a sorte de poder escoitar a Mario Vaquerizo lendo o pregón do entroido vigués. Aí, cun par… Dándolle voltas a que raio será o que lle estea a pasar pola cabeza (ideas de avangarda, aire, un matojo rodando…) a este alcalde que temos a sorte de ter, recordei algo que me sucedeu hai xa uns cantos anos. E non puiden evitar sorrir (pensando na miña querida granxa, alá nas radiactivas praderas de Plutón). Veredes…

En certa ocasión tiven que traballar como técnico de son para este “artista”. O problema (un deles) estaba en que a sala onde se facía a actuación non tiña licenza para concertos… Malia estaren máis que advertidos, os responsables da sala viñeran teimando en seguir facendo actuacións, polo que a policía xa os advertira de que, tan pronto como os veciños escoitasen unha soa nota, denunciaríanos, e non lles quedaría máis remedio que vir e pecharlles o local. Era o momento en que Vaquerizo comezaba a se converter en omnipresente estrela televisiva, e cando lles xurdiu a ocasión de traelo eles, evidentemente, non puideron resisitir a tentación…

Así que aí estabamos nós: o rapaciño este no escenario facendo o paripé co seu grupo de xoguete, eu na mesa de mezclas, e un monte de decibelios desparramados por toda a sala, propagándose polo edificio, a mazá e rúas adxacentes incluídas. Evidentemente, pasou o que estaba escrito que pasaría (lamentablemente para a “epicidade” do relato, non estaba escrito en ningún libro sagrado, senón na morea de multas recibidas anteriormente; évos un pouco máis pragmático, pero vaia: algo é algo…). Así, cando apenas levabamos quince minutos de recital, eu xa tiña un señor axente ao meu carón, amosándome a súa placa e indicándome que procedese á inmediata finalización do concerto no seu apartado técnico.

Como para pragmático eu (que ademais da placa tamén tivera tempo de reparar tanto na súa pistola como -sobre todo- nas súas esposas), o primeiro que fixen, por se acaso, foi levantar as mans ao ceo e, acto seguido, berrar:

-Todo é mentira!
-Desculpe, como di vostede?
-Digo que non me deteña, que todo é mentira, señor axente! -(si, é verdade: estaba berrándolle á autoridade; pero non vaiades pensar que fose polos nervios, nin nada diso: é que o concerto seguía, e eu tiña medo de que con tanto barullo non me escoitase… Bueno, e igual un pouco de medo, así en xeral, tamén tiña…).

Como o tipo seguía con cara de non comprender demasiado (ou máis ben nada), baixei os brazos e comecei a baixar rápidamente os faders de todas as canles da mesa de mesturas. Xa sabedes, refírome aos controis de volume polos que se supuña que deberían estar saíndo as baterías, o baixo, as guitarras, os coros… En definitiva, todo o que estaba soando. Tiñades que ver a cara do policía cando, logo de tan rápida acción, descubriu que a música seguía soando igualmente.

-Que merda está pasando aquí! -bramou o axente.
-Xa llo dixen: que é todo mentira! Nada máis é un playback!
-Un playback?!
-Exacto: un descarado, rotundo, zafio, groseiro e decibélico playback, señor axente!
-Todo el?!
-Todo el -confirmeille.

Efectivamente, se o xerente do local se atrevera a facer o concerto era porque sabía que non habería tal “concerto”, polo menos “legalmente” falando: curiosamente, se non tes a licencia correspondente, a lei non che permite facer actuacións en directo, pero non di nada sobre (poño por caso) catro chimpafigos facendo o mandril no escenario por riba dun disco gravado. De todos modos, e por se acaso, o manager do ínclito pedírame antes do show que tivese a mesa de mezclas chea de botóns para arriba e para abaixo, con moitas luceciñas acesas e toda a parafernalia habitual, como se a cousa for de verdade, xa que, como el mesmo me dixo no mellor e máis correcto acento de Malasaña, “Tampoco ej cosha de que vayamoj dando demashiao la nota, ¿no, tronco?”

Descuberto o pastel, o policía non daba saído do seu asombro. Poñédevos no seu lugar: o axente vestírase para clausurar, e non lle daba entrado na cabeza a idea dun cambio de plans.

-Así que todo isto nada máis é fachada… -comentou á fin, sen deixar de rañar o cogote.
-Exacto -confirmeille.
-Xa… E, mira -reaccionou á fin-, dime unha cousa…
Achegouse a min e, para a miña sorpresa, preguntoume en ton confidente:
-Ti cres que toda esta xente sabe que este fulano nada máis é un pintamonas?

Xa de volta nesta realidade nosa, supoño que no fondo era inevitable (xa sabedes, algo así como en Cuando Harry encontró a Sally). Había un cento de opcións posibles, e se de artistas tiña que ir a cousa, era este un ano excelente para convidar, poño por exemplo, a Morris, tanto pola súa presenza pública coa estrea de A Esmorga como por outros motivos que agora non é preciso lembrar. Ou vaia, que se o que Caballero quería era unha estrela mediática, tamén podía falar con Fernando González, “Gonzo”, o popular reporteiro de “El Intermedio”, que ademais de ser da cidade tamén ten táboas, un certo criterio, e algo máis de fronte… Pero non. O alcalde tira ao monte, así que nada máis era cousa de tempo que rematase atopándose con Mario Vaquerizo. Á fin e ao cabo, quen mellor que Vaquerizo, alguén que nada máis é fachada, para un tipo tan preocupado nada máis que pola estética de rúas, avenidas e rotondas barqueiras como Abel Caballero? Ao mellor todo é un erro. Ao peor somos nós, que non estamos á altura de tamaña expresión “artística”…

Señor alcalde: eu non reclamei nada, moito menos barco ningún.

1222697

Di o alcalde que o barco de Alfageme acabará instalado na rotonda de Coia “porque la ciudad entera lo reclama”. Así, cun par. Pois moi ben, alcalde, olé vostede e a súa oratoria. Pero, agora que o penso, xuraría que eu non reclamei nada… E iso que tamén son vigués desde o día en que nacín, que en Vigo pago os meus impostos, e que lle teño tanto amor á miña cidade que mesmo lle dediquei unha novela. Non, non creo que ninguén vaia dubidar do meu compromiso como cidadán se digo que, así e todo, eu non reclamei nada. Moito menos ningún barco en ningunha rotonda… Non, nin eu reclamei nada nin, se lle son sincero, teño constancia de ningún movemento cidadán que tal cousa pedise.

Vexo que tamén dixo vostede que o barco é aí onde ten que estar, por respecto ás nosas tradicións e orixes, e que “dentro de poco habrá un barco precioso en la ciudad, un barco magnífico para ver cómo es Vigo, una ciudad de barcos”. Home, señor alcalde, non sei como o verá vostede, pero para min que onde teñen que estar os barcos é no mar, que para iso foron feitos… Ou, no seu defecto, nun museo adicado ao mar. Un museo como o que, aínda que moitas veces pareza que nin nós mesmos saibamos que está aí, xa temos nesta cidade. Agora, onde si que non creo que teñan que estar os nosos barcos, por moi históricos que sexan, é nas nosas rúas. Non sei como o verá vostede, pero a min cústame moito imaxinar un atuneiro baixando pola Gran Vía, un arrastreiro buscando sitio para aparcar na Porta do Sol, ou un cargueiro convertido no 11 de Vitrasa. Señor alcalde, non é necesario que nos trate coma se fósemos parvos: agradecemos o seu interese pedagóxico, pero de sobra sabemos como é un barco, non é necesario que nolo recorde vostede chantándonos un en plena rotonda de Coia.

E moito menos se tal operación vai ter un custe de 300.000 euros, de 600.000 euros, ou de canto sexa. Porque a ese respecto tampouco se mostra vostede transparente, señor alcalde: di vostede que todo ese baile de cifras é falaz e mentireiro, e que o custe real será de “la mitad de la mitad de la mitad de lo que dicen los mentirosos” pero, iso si, sen concretar número ningún. Pois moi ben, señor alcalde. Pero tendo en conta que o seu barquiño non vai aparecer en Coia por arte de maxia, sexan esas cantidades as metades de seiscentos mil, de trescentos mil ou de cento cincuenta mil euros, o que está máis que claro é que algo custará, e que ese algo non vai ser precisamente pouco diñeiro, polo que seguimos a falar dunhas cantidades que resultan terriblemente indecentes á luz do tempo que vivimos. Porque por se xa o esqueceu vostede, señor alcalde, estamos nun tempo de crise brutal. Crise que, esa si, afecta practicamente a “la ciudad entera”. Porque a nosa non é unha cidade burguesa, señor alcalde. Non somos Xenebra, nós non vivimos do negocio bancario. Nin somos París, nin o noso é a alta costura. E tampouco somos Abu Dabi, que aquí as nosas leiras dan patacas, non petróleo. A nosa é unha cidade proletaria, que onte foi mar e hoxe é automoción. Somos mans manchadas e feridas, polas redes que a nosa xente subiu do mar e máis pola graxa motores que os nosos compañeiros montan en Balaídos. Ese si é a nosa orixe e a nosa tradición, señor alcalde, e hoxe o noso presente é crise, que quen máis quen menos todos temos alguén nas nosas casas afectado por esa crise.

E, se a nosa non é unha vila burguesa, o barrio de Coia tampouco é que sexa precisamente “a milla de ouro” da cidade. Coia é, como tantos outros, un dos barrios vigueses onde a crise séntese día tras día. Estou seguro de que xa o fixo vostede, señor alcalde, pero, por se acaso, convídoo a repetir o meu paseo polo barrio, a ver cantos negocios atopa pechados, tendas en traspaso, locais en aluguer… Non, as cousas non van ben, e o último que os veciños de Coia precisan hoxe é ver como o seu alcalde despilfarra nin medio euro en aparcar un barco nunha rotonda con tanta e tanta axuda como se necesita noutros aspectos máis apremiantes. Unha pouca de sensibilidade, por favor…

É verdade que eu son, como di vostede, un deses que falan sen ser veciño de Coia, señor alcalde. Pero tampouco é menos certo que eu non son da CIGA, como tamén vostede di. Nin do Bloque, nin do PP, nin do PSOE. Eu son un veciño seu, da cidade, e como tal xa nin sequera “reclamo”, senón simplemente prégolle que reconsidere a súa postura. Agora o que toca aparcar non son barcos, senón orgullos, señor alcalde, que o que os tempos piden é outro tipo de compromisos. Como broma xa nos bastou todo o episodio da cruz do Castro. Deixe vostede o barco na ría, ou léveo para o Museo do Mar, e invista os cartos que tiña pensado meter en tal disparate en obra social, señor alcalde. Done os cartos ao Banco de Alimentos, amplíe o gasto do Comedor Social, invista nas persoas, na xente que máis o precisa. Porque aínda que esa metade da metade da metade nada máis sexa un euro, señor alcalde, neste momento un euro no peto dun cidadán necesitado vale máis que unha flota enteira chantada nunha rotonda calquera.